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EA en su laberinto


Eusko Alkartasuna es un partido de intachable trayectoria democrática, pero sus coqueteos con la izquierda abertzale de los últimos años pueden convertirse en su tumba política. Si durante la era Ibarretxe EA se coaligó con el PNV sufriendo una parte de pérdida identitaria, ahora es la izquierda abertzale su compañero electoral.
eusko alkartasuna logo

Fuente imagen: http://www.euskoalkartasuna.org

Desde su nacimiento como formación política independiente en 1986, escindiéndose del PNV de la mano del exlehendakari Carlos Garaikoetxea, su apoyo electoral ha descendido alarmantemente, desde un 15.84% en las elecciones autonómicas de 1984, hasta un paupérrimo 3.68% en las últimas elecciones de 2009. Tal fue la debacle electoral, que ni su propio líder, Unai Ziarreta, logró un escaño en el parlamento vasco.

Una causa primordial de esta pérdida de apoyo popular es, precisamente, el carecer de un espacio político delimitado con claridad al concurrir en numerosas elecciones en coalición con otras fuerzas que le acaban por “robar” su electorado. Su apoyo incondicional al llamado “polo soberanista”, llevó a la formación a sus peores resultados en 2009, a pesar de no poder presentarse la izquierda abertzale a las mismas, produciéndose una importante escisión de su corriente crítica y la nueva elección de un líder, Pello Urizar.

Bien parece que EA, con Urizar a la cabeza, no ha aprendido de sus errores, y en esta ocasión se presenta a las elecciones municipales, y a las autonómicas de Navarra, formando con la izquierda abertzale la coalición Bildu. El Tribunal Constitucional ha salvado in extremis a EA de la prohibición de concurrir a las elecciones, pero el posible éxito electoral no va a salvar a EA de su crisis. Es loable la intención de EA de acercar a Batasuna a las vías democráticas, intentando que dichas tesis venzan sobre la violencia etarra. Pero aunque esto finalmente se logre, Batasuna va a fagocitar el espacio electoral de EA, tal y como el PNV hizo con anterioridad de otro tanto. Y es que, en caso de materializarse una Batasuna totalmente democrática, estarían luchando por el mismo elector junto a EA y Aralar.

Por el contrario, si el experimento fracasa y la izquierda abertzale vuelve por los derroteros a los que tristemente nos tiene acostumbrados, EA quedará marcado como el partido cómplice que ayudó a los proetarras a permanecer en las instituciones democráticas. Sea como fuere, el error de EA es histórico, viene de atrás, y no tiene visos de enmendarse. Puede que estemos asistiendo al principio del fin de EA como partido independiente, algo que ya ocurrió con otros partidos de pequeña entidad en Euskadi, y de distinto signo, como Euskadiko Ezkerra o Unidad Alavesa, por poner unos ejemplos.

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